Memoria histórica y dignidad: ¿superaremos algún día los miedos?

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El debate sobre la necesidad de la memoria histórica en nuestro país por desgracia sigue levantando ampollas, como las está levantando el polémico debate sobre la exhumación del cadáver de Franco del polémico mausoleo de El Escorial https://www.lavanguardia.com/politica/20180824/451420066941/exhumacion-franco-restos-valle-de-los-caidos-consejo-de-ministros-rueda-de-prensa-presupuestos-en-directo.html

Síntomas claros de que sigue siendo necesario abrir procesos de este tipo -Verdad, Justicia, Reparación, No repetición-.
Cuando varias partes no son capaces de hablar de algo sin exaltarse y sentirse ofendidas, hay una señal clara de que las heridas siguen abiertas. La polarización en este asunto entre “izquierdas” y “derechas” y la vehemencia y malestar que traslucen los cruces de declaraciones no suenan a consenso: son una señal inequívoca de que el llamado “consenso del 78”, por las razones que sea, y al menos hoy, no es suficiente.

Los organismos internacionales indican que la memoria histórica tras guerras civiles y dictaduras debe ser una cuestión de estado y prioritaria, dado que éstas han implicado a toda la población del país de unas formas u otras, y rara vez hay blancos y negros -esto no quiere decir que se deba permitir la equidistancia; de nuevo: es una cuestión de justicia-.
Por desgracia, cuando el gobierno posterior a una dictadura no activa por sí mismo los procesos de Memoria Histórica y Justicia Transicional, suelen ser los familiares de la parte más dañada -oprimida- quienes reclaman estos procesos de Justicia de los Derechos Humanos. En nuestro país, diversos actores de “ambos bandos” han conseguido significar el concepto de memoria histórica con olor a rancio, a revancha, a envidia y a odio de gente que no sabe perder.

Y por desgracia, si miramos más allá de “bandos”, lo que llevamos haciendo 40 años es saltarnos a la torera la Justicia Transicional y todos los acuerdos internacionales sobre derechos humanos tras dictaduras -acuerdos que el propio gobierno español firmó pero que nunca cumplió-.
Y nos pasa algo mucho más importante: seguimos sin ser capaces de tener debates amplios sobre lo ocurrido sin que surjan reacciones viscerales, y seguimos sin haber juzgado crímenes a gran escala. Así que no. No es (sólo) una cuestión de que unos perdieron y quieren que se les reconozca. Es una cuestión que nos afecta como país.

Es bien conocido el dicho de que “la historia la escriben los vencedores”. Pues bien, es responsabilidad de nuestra sociedad que esa historia se reescriba entre todos y todas, escuchando, procesando y superando colectivamente el odio y el rencor, y que sea el enfoque de los Derechos Humanos el marco de consenso que permita reescribir una historia lo más justa para todas las partes tras un proceso tan injusto como una Guerra Civil y una dictadura.
Estos procesos han de afrontarse desde la madurez de ser capaces de poner sobre la mesa todas las posiciones y reconocer todos los daños causados por situaciones que nunca debieron darse.

Como democracia moderna, España debe por fin acercarse a trabajar la justicia sobre la dictadura sin miedos. Es el único camino para borrar los viejos -y, por desgracia, todavía vivos- fantasmas de las 2 Españas; para borrar el miedo a “significarse”; el “en esta casa no se habla de política”. Y, en último término, para construir una sociedad más inteligente con una cultura política que sea capaz de debatir y decidir colectivamente, SIN MIEDOS, cuestiones tan relevantes como el modelo de estado -monarquía, república, autonomías…- hacia el consenso real.

En Ganar Móstoles somos conscientes de que estos procesos deben producirse a nivel estatal. Mientras éstos llegan, ponemos y pondremos nuestros granitos de arena para intentar reparar la memoria aquella época y el relato de quienes fueron asesinados e ignorados en nuestra ciudad, recuperando pequeños huecos para ello en las calles y en la cultura de nuestra ciudad, con iniciativas como el Paseo de la Memoria y las programaciones culturales sobre memoria histórica -en este caso, tanto de nuestro país como de otros lugares-.
Porque amamos a nuestra ciudad. Porque amamos la paz y la libertad, y no queremos que jamás se repita la desgracia fratricida que empezó en 1936 con un golpe de estado contra el régimen democrático y privó de democracia a nuestro país durante la mitad del siglo XX.