Este verano no salgo

en Beatriz Mogrovejo/Blog del concejal y la concejala

De Beatriz Mogrovejo

La semana pasada, en nota de prensa, se anunciaba el cierre y clausura de las actividades culturales durante este verano con un gran éxito de asistencia. Han sido 28.800 espectadoras y espectadores de nuestra ciudad las que han acudido a los eventos culturales celebrados en diferentes barrios de Móstoles.

Iniciativas como estas no solo responden a la demanda natural de los vecinos y vecinas de querer disfrutar de actividades culturales al aire libre en la temporada que nos lo permite el tiempo, sino que, en tiempos y circunstancias  como estas, también responde a una obligación política para con todas esas personas que se quedan durante el verano en sus casas.

Es un hecho que cada vez menos gente se va de vacaciones y por tanto es también una obligación institucional de ofrecer ocio y cultura gratuita también a aquellos y aquellas vecinas que no pueden salir de vacaciones, con una oferta amplia y variada para todos los tipos de público.

Una de las noticias de los primeros días de agosto, y en relación al éxodo de las ciudades que se produce todos los años en estas fiestas, era precisamente todas las familias que, por una cuestión de recursos, no podrían salir de vacaciones, si quiera una semana. Son cuatro de cada diez familias de Madrid las que se ven en esta situación.

Si miramos hacia atrás y observamos  nuestro pasado en otras crisis o simplemente en otra época, lo que nos viene a la cabeza son los muchos veranos que no pudimos disfrutar de la playa, no era un drama, simplemente no podía ser. Pero muchos y muchas de nosotras teníamos pueblo, ésos pueblos que nos acogían durante los veranos y nos aliviaban el no poder disfrutar si quiera de unos días en la playa.

Han pasado entre treinta y cuarenta  años desde que, las personas adultas de hoy, éramos niños y niñas. Las sociedades cambian, y sin ninguna duda la nuestra ha cambiado sustancialmente. Cuando éramos niños los barrios se vivían de forma diferente, teníamos cine de sesión continua, abuelos en el pueblo, descampados para jugar a las canicas, todos éramos de aquí, pero con padres y madres de Badajoz, Segovia, Cuenca, Guadalajara, Soria… y llegado Agosto, Madrid quedaba vacío.

La sociedad de hoy no es la misma, ahora los padres y madres somos nosotros y nosotras y somos de aquí, ya no tenemos casas en el pueblo, siquiera abuelos en el pueblo,  ni cines a precios populares en sesión continua, ni quedan descampados para el juego donde seguro no va a pasar nada, y muchos de nuestros vecinos y vecinas son de otros países y están aquí sin más familia que los otros emigrantes o sus propios vecinos, por lo que si se  tienen recursos para ir de vacaciones, la alternativa es la misma ciudad.

Cuatro de cada  diez familias es una cifra escandalosa, son las personas que  están atravesando una situación complicada, desempleados y desempleadas de larga duración o sobreviviendo con trabajos precarios que no les permite tener unos días de disfrute vacacional fuera de sus hogares.

Lo que supone todo este cambio social y a su vez esta evidencia, es que  las ciudades también se viven en verano, que se deben vivir en verano; que no solo debemos tener garantizado el derecho al descanso, sino el derecho al disfrute, el ocio y la cultura de acceso universal, es decir, gratuita.

Lo que supone es saber responder adecuadamente a ello, hacer ciudades vivas donde la cultura se respire y se respire igual para todos y todas. Porque es triste no poder salir unos días de vacaciones, pero más triste es además no poder disfrutar del ocio y la cultura si no se disponen recursos para ello.